miércoles, 8 de julio de 2009

El contenido del corazón

Hasta que lo he leído, pensaba que difícilmente el contenido de esta obra de Rosales superaría al título.

Fue el fin de semana. Calor de julio (que puede ser más temible que el de agosto, porque "unos llevan la fama y otros..."), y yo en Huéscar, un pueblo de Granada que hasta ahora desconocía pero cuya geografía ha quedado incorporada al mapa en relieve que llevo cosido al alma. Por fuera, las casas bajas, la colegiata formidable (todo el Renacimiento español, y el Señor en la custodia como un sol), el silencio especial que hace la siesta de Despeñaperros para abajo, la masa suaave de los mejores churros que he probado nunca. Olivos y sombra, jamón y cariños de los buenos (que en los dos se nota especialmente la diferencia entre lo que es bueno y lo que no)... Y yo por dentro, otras casas, otra iglesia renacentista, otras siestas silenciosas, olivos y sombra, jamón y cariños... otro pueblo, pegado a Despeñaperros, y todos los veranos de mi vida, a la sombra de los abuelos.

Y Rosales cantaba a su madre, y a la infancia ida, y casi en cada frase yo veía a mi abuela, y mi infancia ida, también, junta con la del poeta, allá dónde estén las dos, porque nada se pierde. Y juntas estarán su madre y mi abuela en el Cielo, espero, que eso sí que es una fiesta. Y él también allí, y yo aquí leo lo que él un día le escribió a su madre, y hoy a mí me dice a mi abuela; y es que la literatura, si es buena, es eso: que lo que al principio fue de uno, luego es de cada uno.

1 comentario:

  1. La frase final te la copio, mucho mejor que decir, como hacía yo hasta ahroa, que luego es de todos. Es de cada uno. ¡Vaya acierto expresivo!

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